3. Las heces como medicina (Introducción al FMT)
¿Te lo tragarías para vivir más?
Ya había hecho cosas extrañas antes. Ayunó durante tres días. Corrió un maratón (42 km) solo con agua y sal, dando vueltas en una pista de atletismo de 400 metros. Pero entonces solo tenía 17 años. Había participado en más de cien trasplantes fecales. Pero esto ahora era diferente. Ahora el «paciente» no estaba enfermo. Esta vez el objetivo no era la supervivencia — sino el potencial.
Oyó hablar por primera vez de la bacteria Veillonella en 2019. Un investigador de la Harvard Medical School escribió que esta bacteria prolifera notablemente en la flora intestinal de los corredores del maratón de Boston, y que es capaz de convertir el lactato — subproducto del esfuerzo físico — en propionato. Y el propionato se ha relacionado con la resistencia y la recuperación. En ratones, una dosis de Veillonella aumentó el rendimiento en cinta rodante un 13%. Como si los microbios hubieran desvelado una marcha oculta. Sabía que los atletas olímpicos matarían por un 2-3% extra de resistencia.
Esa charla se le quedó grabada en la mente, como una semilla plantada. ¿Y si — pensó — los deportistas de élite no solo tienen un corazón mejor o una mente más fuerte, sino también un ecosistema intestinal afinado por años de entrenamiento? ¿Un intestino capaz de aprovechar casi cualquier cosa? ¿Y si ese ecosistema se pudiera «tomar prestado»?
Así que pidió a tres conocidos — los tres ultrafondistas, los tres con personalidades muy distintas — que le hicieran un favor. No pidió consejos de entrenamiento. No pidió estrategias de carrera. Aunque... también eso. Pero sobre todo, muestras. En el laboratorio, junto con sus colegas, examinaron la microbiota de uno de ellos, filtraron los patógenos y luego encapsularon las heces. Sesenta cápsulas. Veinte veces la dosis media. Secadas, almacenadas, listas para usar.
Una mañana empezó a tomarlas con agua de limón y manzanilla. Durante diez días, duplicando la dosis cada día. No había en ello ningún ritual, ningún drama. Solo datos. Y una intuición interna. Y luego corrió. No una vuelta de prueba. No solo trotar. Corrió setenta y un kilómetros alrededor del lago Velence, junto con quienes le habían ayudado. Las cifras no fueron récords mundiales. En absoluto. Fue sufrimiento. Con la rodilla dolorida, el objetivo era simplemente llegar a la meta. Pero lo que realmente le sorprendió fue la ausencia de un cansancio real. No estaba «destrozado». No llegaron los calambres. Solo una extraña y limpia ligereza.
¿Fue quizá la Veillonella? ¿O el butirato de la Faecalibacterium prausnitzii? ¿O solo un placebo disfrazado con bata de laboratorio? No lo sabía. Pero la recuperación fue más rápida. El sueño, más profundo. El hambre, más instintiva. Algo cambió en él — no solo en su microbiota, sino también en su fe. Y entonces se acordó de los nadadores de ultrafondo. Que rindieron de forma excepcional en París después de que se les aumentara la dosis de su propia microbiota.
Creían que solo les ofrecía protección. Pero ahora ya lo sabía. Ellos también lo sabían. Algo está pasando. Y un año después, los dos olímpicos ya no pudieron repetir el mismo resultado — sin recibir el «refuerzo». ¿Otra coincidencia? Tal vez...
Siempre supo que el FMT podía salvar vidas. Pero ahora empezó a sospechar que no solo podía salvarla, sino también mejorarla.
Próxima semana: «Los enemigos en mi despensa» — alimentos procesados, deterioro metabólico y lo que necesitas saber sobre tus microbios.
1. Scheiman, J., Luber, J. M., & Ilhan, Z. E. – Meta-omics analysis of elite athletes identifies a performance-enhancing microbe
Jonathan Scheiman, Jeffrey M. Luber, Zeynep E. Ilhan, Alexander V. Tuncay, Gregory A. Zeevi, Jacob J. Groach y otros, Meta-omics analysis of elite athletes identifies a performance-enhancing microbe, Nature Medicine, 2019 Jul;25(7):1104-1109.
Qué encontraron:
Scheiman y sus colegas publicaron en 2019 un estudio revolucionario en el que identificaron la bacteria Veillonella atypica como un microbio que mejora el rendimiento y que prolifera notablemente en el intestino de los corredores del maratón de Boston. Mediante análisis meta-ómicos demostraron que las especies de Veillonella estaban presentes en proporciones mucho mayores en las muestras fecales de los atletas después de las competiciones de resistencia que antes de ellas.
El mecanismo clave que descubrieron fue que la Veillonella es capaz de convertir el lactato — el subproducto «que quema» generado durante el esfuerzo físico intenso — en propionato, un ácido graso de cadena corta relacionado con una mayor resistencia y una recuperación más rápida. En experimentos con ratones, la administración de Veillonella aislada de los atletas aumentó la capacidad de carga en cinta rodante un 13%, lo que sugiere una relación causal entre la microbiota y el rendimiento físico.
Los autores propusieron que esta conversión de lactato a propionato forma un bucle de retroalimentación entre el huésped y la microbiota: a medida que aumenta el nivel de lactato durante el ejercicio, la Veillonella prolifera y produce sustancias que, a su vez, mejoran la resistencia del huésped. Este descubrimiento abrió nuevas perspectivas en las intervenciones ergogénicas (de mejora del rendimiento) basadas en el microbioma, que pueden influir no solo en el rendimiento deportivo, sino también en la salud metabólica.
https://doi.org/10.1038/s41591-019-0485-4
2. Matsumoto, M., Inoue, R., & Tsukahara, T. – Voluntary running exercise alters microbiota composition and increases n-butyrate concentration in the rat cecum
Mitsuhiro Matsumoto, Ryo Inoue y Takamitsu Tsukahara, Voluntary running exercise alters microbiota composition and increases n-butyrate concentration in the rat cecum, Bioscience, Biotechnology, and Biochemistry, 2008 Jun;72(2):572-576.
Qué encontraron:
Matsumoto y sus colaboradores estudiaron cómo el ejercicio voluntario influye en la composición de la microbiota intestinal y en la producción de ácidos grasos de cadena corta en ratas. La investigación demostró que el ejercicio — incluso sin cambios en la dieta — puede aumentar selectivamente las bacterias beneficiosas que producen n-butirato, conocido por su efecto antiinflamatorio y por respaldar la integridad de la pared intestinal.
Aunque el tema central del estudio era el butirato, los resultados pusieron de relieve un principio importante: la actividad física puede transformar directamente el entorno microbiano intestinal, favoreciendo a las especies que respaldan el metabolismo y la recuperación del huésped. El aumento observado de butirato sugiere que la microbiota se adapta al mayor esfuerzo físico y produce metabolitos que permiten un uso de la energía más eficiente y una recuperación más rápida.
Aunque la Veillonella no fue el foco principal del estudio, los resultados respaldan la idea de que los cambios microbianos inducidos por el ejercicio pueden crear un ecosistema intestinal que optimiza el rendimiento, lo que sentó las bases para investigaciones posteriores sobre el papel de las bacterias metabolizadoras de lactato (como la Veillonella) en los deportistas.
https://doi.org/10.1271/bbb.70520
3. Petersen, L. M., Bautista, E. J., & Nguyen, H. – Community characteristics of the gut microbiomes of competitive cyclists
Lauren M. Petersen, Eliza J. Bautista, Hai Nguyen, Robert W. Phan y John C. Gaffney, Community characteristics of the gut microbiomes of competitive cyclists, Microbiome, 2017 Apr 4;5(1):98.
Qué encontraron:
Petersen y sus colegas realizaron un análisis exhaustivo de la microbiota intestinal de ciclistas de competición para descubrir los patrones microbianos relacionados con el alto rendimiento físico. Según los estudios, la microbiota de los deportistas de resistencia presentaba una diversidad significativamente mayor, y predominaban especies implicadas en el metabolismo de los carbohidratos, la producción de AGCC y la regulación de la inmunidad de la mucosa.
Entre los hallazgos más importantes estuvo la mayor presencia de miembros de la familia Veillonellaceae, lo que refuerza la hipótesis de que los microbios metabolizadores de lactato contribuyen a mejorar el rendimiento de resistencia. Además, se midieron niveles elevados de Akkermansia muciniphila y Faecalibacterium prausnitzii, conocidos por respaldar la integridad de la barrera intestinal y por su efecto antiinflamatorio.
La investigación respalda la idea de que la microbiota intestinal de los deportistas entrenados no es solo una consecuencia pasiva de la dieta y el ejercicio, sino un ecosistema que se adapta activamente y coevoluciona con los hábitos de actividad física. Esta adaptación microbiana mejora el aprovechamiento de los sustratos, optimiza el uso de la energía y favorece la recuperación, por lo que potencialmente puede transferirse mediante intervenciones basadas en la microbiota (como el FMT).

